Mi experiencia en Garabandal. Testimonio de amor y de vida


A mis 61 años he tenido la dicha de haber hecho numerosos viajes, incluso había estado varias veces en España, luego de haber escuchado tantas veces acerca de un mágico lugar que se encuentra allí, me pregunté: «cómo habiendo ido tantas veces a España, nunca he ido a Garabandal?»

Mi nombe es Mirta Ponce, soy oriunda de Argentina, Buenos aires, tengo 61 años y esta es mi humilde historia.

En 2017 decidí hacer esta peregrinación. Mientras me hacía mi chequeo médico rutinario anual, me detectaron cáncer de mama, dos nódulos que cambiarían mi vida, 5 meses atrás había fallecido mi marido. 

Luego de conversar extensamente con mis doctores especialistas, me dieron permiso de hacer mi viaje, el cual tenia planificado hacer una semana después de enterarme de la noticia de mi enfermedad, con la promesa de junto con llegar, iría a quirófano.

Así que fui a Garabandal, estando allí recuerdo subir la callejuela para llegar al pino donde se apareció nuestra Madre, la Virgen María, y sentía un fuerte nudo dentro de mi, algo que no estaba bien, entonces me posé detrás del pino y grité tan fuerte internamente, ahogada en lagrimas, rogándole, suplicándole a nuestra Madre que me dejara vivir un rato más, «tengo dos hijas que se quedaron sin papá hace cinco meses, ahora me llevas a mi?» no pido mucho, pero suficiente como para disfrutar y acompañar a mis dos hijas y poder cargar a mis nietos cuando decidan ser madres.

Lo siguiente, es algo que no puedo explicar, al bajar la calleja después de esto sentía una inmensa alegría, un gozo interior, que no era mío, era del cielo, luego entendí lo que es la alegría en el dolor, porque realmente lo que sentí fue eso, alegría en el dolor. Pueden pasar muchas cosas, pero si uno tiene a Dios adentro, es algo que se siente tan profundo.  La felicidad es efímera, pasajera, la alegría no, la alegría es algo bien profundo, la sentía de saberme salva por Dios. 

Regresé, y encaré mi operación, y con la gloria de Dios pudieron extirparme los dos nódulos malignos que tenía, me hicieron quimioterapia y así pelona, calva, sin pelo volví a Garabandal a darle las gracias a la virgen María, únicamente estando allí, uno puedo experimentar el verdadero amor, porque es un pedacito de cielo. 

A los que puedan ir, háganlo y déjense acariciar por el amor, es realmente una bendición. 

Testimonio de: Mirta Ponce.

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